Textos apócrifos


Se denomina apócrifo (del griego apokryphos, «oculto») a aquellos libros atribuidos a autores sagrados cuya pertenencia al canon de la Biblia está o estuvo en discusión, no es aceptada por alguna autoridad o denominación religiosa, o han caído en descrédito por los estudios filológicos.

Ciertos libros fueron considerados como parte del canon por algunos de los Padres de la Iglesia, y fueron considerados apócrifos sólo más tarde, como el Libro de Enoch. Éste es considerado parte del canon por la Iglesia ortodoxa etíope, como también era aceptado por los Beta Israel que vivían anteriormente en Etiopía, los cuales consideraban como Escritura también el Sirácida y el Libro de los Jubileos.

Han ejercido y ejercen un enorme influjo en la piedad e iconografía cristianas. Entre las tradiciones conservadas únicamente en los apócrifos, se cuentan los nombres de los padres de María (Joaquín y Ana), el episodio de la Presentación de la Virgen niña en el templo, el número y los nombres de los Reyes Magos (Melchor, Gaspar, Baltasar), la presencia de un asno y un buey en el pesebre donde María dio a luz. También se encuentran los nombres y las historias del Buen Ladrón (Dimas) y del Mal Ladrón (Gestas), la historia de Verónica (recogida incluso en el Via Crucis tradicional), el nombre (Longinos) del centurión que atravesó el costado de Jesús en la cruz, o la primera sugerencia explícita de la virginidad perpetua de María, que se encuentra en el Protoevangelio de Santiago.

La fuerte presencia de todas esas tradiciones en la liturgia lleva con frecuencia a olvidar que ninguno de ellos figura en los Evangelios canónicos. Además, contienen información sobre el tema de la inmortalidad, la resurrección, la reencarnación, etcétera y sus creencias dentro de la iglesia, a través de los siglos. Fuente: wikipedia.

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